Os invito a leer unos fragmentos del artículo «La sordera nacional» de Elvira Lindo, publicado en EL PAÍS (06/06/2013):

 

Llego al cine y, como se trata de uno de los de la Gran Vía, la película que nos disponemos a ver, Los Miserables, está doblada. El resultado es bastante ridículo porque casi toda ella es cantada, de tal forma que los actores pasan de los recitativos en inglés a los diálogos en español provocando la perturbadora sensación de que, de pronto, se han tragado un Alien. A la extrañeza cósmica se añade que el doblaje español ha sido invadido por marcianos. No es solo que somos un país con orejas de madera para los idiomas porque el mundo audiovisual ha decidido no exponernos a ellos sino que las voces dobladoras son tan absurdas que convierten a los actores en muñecos. Es como si se hubieran conseguido fundir las voces caricaturescas de los dibujos animados con las voces baratunas de las películas porno: altos y bajos imposibles en los tonos de voz y mucho, pero que mucho, jadeo y titubeo. Se están dando solo los buenos días a la hora del desayuno y ya parece que van a echar un polvo encima del fregadero. Cualquier momento melodramático se convierte en algo sarcástico gracias a unas voces que abaratan cualquier escena. ¿Cómo se llegó a este punto? Es un misterio. La diferencia entre el ayer y el hoy se aprecia, sobre todo, en estos días navideños en los que la televisión programa tantas películas antiguas en las que las voces dobladoras eran mucho más naturales y más nobles. La consecuencia tremenda de esta nueva escuela abrasiva del doblaje español es que está influyendo en la manera de entonar las frases de los actores jóvenes y en algunas series televisivas pululan personajes de la posguerra hablando como dobladores de 2013. ¿Nadie puede parar esto? ¿No hay tantas escuelas de interpretación? ¿No tienen los directores oídos a los dos lados la cabeza?

Y ahora, os invito a reflexionar sobre esto, no sin antes puntualizar algunos aspectos:

1º) Los profesionales de la industria del doblaje no son los responsables de que se decidiera doblar los momentos (pocos y cortos) no cantados de «Los Miserables».

2ª) ¿Son los «marcianos» del doblaje los que han invadido algunas series televisivas de producción nacional o son los «marcianos» jóvenes de estas series los invasores de algunos doblajes?

En cualquier caso, respecto a esto, convendría entonar un «mea culpa» a quienes corresponda, pues no le falta razón a Elvira Lindo para sentirse incómoda ante este hecho. Un hecho, de momento no generalizado, pero que podría llegar a convertirse en una moda degradante e insufrible.

Un saludo.

Víctor Agramunt