martes , 22 octubre 2019
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Recordando a Mari Ángeles Herranz

Aparte de todo lo que ya se ha dicho..y se sabe de Mari Angeles Herranz…. La “Herranz”  para mucho compañeros.. y “ María” para las personas que más la querían, de todo lo magnífica que era en el terreno profesional doblando a infinidad de las grandes del cine clásico, y a otras MUCHÍSIMAS, no tan grandes, del cine español que ella engrandeció con su interpretación ( y que eso parece que nadie lo recuerda)... con esa voz única,clara, versátil, y sobre todo de un timbre excepcional; a mi me gustaría profundizar en su persona, dentro de mi humilde conocimiento sobre ella.

La transpariencia en su carácter era lo que más destacaba… su cordialidad y sinceridad... me refiero en concreto a que cuando algo tenía que decirte, y clarito, no dudaba en hacerlo.

Mujer que demostraba su cultura en varios tipos de conversación,  su afición a leer... y su mundología ( ya que se había recorrido varias partes del mundo)… le hacían experta en varias valoraciones de ámbito internacional, sin, para nada, dejar de lado sus propias tendencias políticas.

Detallista... era un placer escucharla... no solo por el contenido de su conversación, sino por la forma de decir, el énfasis ÚNICO de esas frases... y por supuesto ese timbre excepcional al que ya me he referido, con esa proyección extraordinaria… al hilo de esto... recuerdo como en las asambleas, ella, que tomaba la palabra en todas,  sentada al lado de su querida y nuestra querida Mercedes Barranco, se le entendía  ABSOLUTAMENTE TODO lo que decía, no se le perdía ni una sílaba, cuando a otros compañeros sí les ocurría.

Cómo olvidar ese sentido del humor único que poseía!... que era el responsable de que por ejemplo, si por casualidad te estaba contando una cosa mala o triste, uno no podía aguantar la risa por esa forma de exponerlo, con esos tonos magníficos y claros.

Ese humor dio lugar a muchísimas anécdotas que siempre contamos de ella, y que quedarán en la historia del doblaje de Madrid de por vida, al menos algunos nos hemos encargado de que perduren.

Maria nos dejó en el puente de la Inmaculada…cuando muchos compañeros, yo entre ellos, no pudimos asistir al tanatorio. En mi caso el tanatorio estaba a 440 kilómetros de donde me encontraba en ese momento, buen disgusto para mí el hecho de no poder asistir y quiero dejar MUY CLARO este punto, ya que he leído algunos comentarios en la red como por ejemplo: "se muere una de las grandes ..y sus compañeros no van al tanatorio, no se acuerdan de ella”.. ni que decir tiene el calificativo que le puse  a ese tipo de juicio.

Sabemos que María no tuvo una vida nada fácil: su hijo, su marido... todas las vicisitudes que tuvo que soportar… aun así... recuerdo que con todo lo que tenía encima... ella ESCUCHABA  tu problema con interés… era  impresionante!

Me siento un gran afortunado por haber tenido la vivencia de conocerla a  este nivel, que me permitió aprender tanto de ella; y por haber sido contemporáneo de esta Gran Señora del doblaje español.

Antonio Esquivias

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UNA VOZ ÚNICA

 

Desde muy pequeña me encanta el cine  y cuando entré en esta profesión y empecé a conocer a los actores de doblaje y a verles  doblar no me lo podía creer. Había muchos actores maravillosos,  pero algunos eran especiales para mí porque sus voces me habían acompañado durante muchos años. Entre ellos Mª Angeles Herranz. Tuve la enorme suerte de  trabajar con ella muchas veces. Pero sobre todo tuve la enorme suerte de conocer a un ser humano increíble.

Ella siempre ha sido  mi favorita doblando  a Ginger Rogers, a Sofia Loren, a Mirna Loy. Me gustaba su voz, su forma de trabajar, el sello que ponía a tantas actrices como dobló, como su voz se pegaba a ellas.  Pero sobre todo me encanta como doblaba a dos actrices: Ginger Rogers y Deborah Kerr. La primera forma parte de mi pasión por el cine. Adoro las películas de Ginger Rogers y de Fred Astaire desde que era una niña y su voz va unida a ellas. La segunda es una de mis actrices favoritas. Tuve el privilegio de verla doblar a Deborah Kerr. Yo no doblaba en esa película pero pedí permiso al director y a los actores para poder ver trabajar a Mª Angeles y es uno de los mejores recuerdos que tengo de ella.  Años más tarde, cuando yo empecé a dirigir, trabajamos juntas en varias ocasiones. Recuerdo la primera vez que la dirigí en  un película para televisión, que se llama “Esas chicas fabulosas”,  en la que ella doblaba a Joan Collins, Maria del Puy a Shirley MacLaine y Conchita Nuñez a  Debbie Reynolds. Yo no llevaba mucho tiempo dirigiendo y estaba un poco nerviosa por tener que dirigir a esas actrices tan estupendas. Mª Angeles  entró en la sala y me dijo: “Rosita, ¿no estarás nerviosa? No seas tonta. Tú dime todo lo que me tengas que decir. Tú eres la directora.”

Me conocía bastante bien, habíamos hablado muchas veces de trabajo, de la vida, de cine... Siempre me dio buenos consejos, me ayudó y me enseñó. Esas charlas eran realmente magníficas, siempre salpicadas con ese humor suyo tan particular. Se retiró hace unos años de esta profesión que tanto le gustaba. Sus doblajes seguirán ahí para que no nos olvidemos de ella, porque era una actriz única. Y ahora se nos ha ido para siempre y la echaremos de menos.

Rosa Sánchez

 

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José Ángel Juanes: un recuerdo personal.

Conocí a María Ángeles Herranz en 1961.

Pretendía yo entrar en el mundo del doblaje, por entonces poco accesible, y Jesús Nieto, querido amigo y paisano, me presentó a Paco Sánchez, quien, junto con su hermano Rafael llevaba la empresa de doblaje Sago.

Don Paco dejó las cosas muy claras desde el principio.

-  ¿Sabe usted doblar?

-  No.

-  Pues aprenda, y cuando sepa, vuelva, y le haremos una prueba.

-  ¿Y cómo se aprende a doblar?

-   Doblando.

-  Pero, don Paco, eso es un círculo vicioso.

-  Rómpalo –me contestó- como hemos hecho todos.

La única posibilidad de romper ese círculo (entonces no había escuelas) era sentarse en una sala durante días, semanas o meses, viendo trabajar a los grandes profesionales y aprendiendo de ellos hasta considerar que se tenían alas suficientes para ponerse por primera vez ante un micrófono, un atril y una pantalla e intentar pasar “la prueba” (de fuego).

Así conocí a María Ángeles.

En la oscuridad de aquella sala dominada por una enorme pantalla, pasé muchas horas con ella y con las demás grandes figuras contratadas por los Sánchez o habituales de la firma: el propio don Paco, Irene Guerrero de Luna, Jesús Nieto, Simón Ramírez, Ana Mª Saizar, Joaquín Vidriales, Angel Mari Baltanás, Carlos Revilla, Alfredo Landa, José María Prada y tantos otros.

De todos ellos aprendí más de lo que puedo agradecerles.

De María Ángeles dos cosas me impresionaron desde el primer momento: lo más obvio, su gran talla de actriz y su capacidad de entrega al personaje, fuera cómico o dramático. Su registro era extraordinariamente amplio.

Más escondida pero igualmente real era su cálida humanidad con la que, algo maternalmente, es cierto, acogía a los principiantes, para quienes siempre tenía buenos consejos y palabras de estímulo que se agradecían mucho en aquellos trances preparatorios para el posible ingreso en la profesión.

En los años 60 el material magnético había sustituido al óptico como soporte para la grabación. El negativo de sonido (un material muy caro y de un solo uso) que acompañó al doblaje desde su nacimiento había impuesto una dura disciplina a los actores: se les exigía, además de una interpretación adecuada, una seguridad casi infalible en la sincronización. Fue una dura escuela para actores y actrices. María Ángeles procedía de ella y supo aprovechar la flexibilidad del nuevo soporte magnético para dar a sus interpretaciones mayor frescura, libertad y naturalidad.

Pasé algunos años trabajando con ella con frecuencia en aquellas salas del primitivo EXA, en el gran chalet ya desaparecido de la Avenida de la Luz, hoy Alberto Alcocer.

Luego comenzó el trasiego por diferentes estudios; los equipos de contratados se deshicieron y los actores prefirieron en su mayoría la libertad a la seguridad. Eran tiempos de bonanza.

Los encuentros con María Ángeles en las salas y fuera de ellas se hicieron más esporádicos y perdimos un poco el contacto. Lo que nunca se perdió fue la buena amistad que nos unió siempre y mi sincera admiración por su talento de actriz en sus trabajos de todas las épocas.

Descanse en paz. 

 

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