La reflexión que realizó para ‘La Academia de Cine’ nuestro presidente, Raúl Lara, sobre la posible irrupción de la inteligencia artificial en nuestro sector.


Hace ya un tiempo que creo que lo que nos hace humanos es nuestra capacidad de empatizar. Las personas somos seres sociales, y no podemos desligar nuestra misma esencia de nuestra cultura. Seguramente sea por esto por lo que, incluso a día de hoy, cuando cambiar entre versión doblada y original está al alcance de todos, la mayoría del público sigue prefiriendo disfrutar las historias en su propio idioma. Se crea así una cercanía difícil de explicar, pero que está intrínsecamente ligada a lo que somos y a cómo sentimos. Y es que toda esta introducción no vale sino para llegar a esa palabra: sentir.
Nos ha tocado vivir una época apasionante, en la que la Inteligencia Artificial generativa permitirá unos avances tecnológicos, científicos e incluso de accesibilidad y calidad de vida que hace unos años no podíamos siquiera soñar. Su llegada a nuestras vidas va a ser algo tan disruptivo que habrá que repensar las propias bases de nuestro sistema. Como siempre, la regulación al respecto va años por detrás, y es en este momento de transición -y desprotección- cuando debemos pararnos a pensar; no olvidando los argumentos económicos, por supuesto, pero sí priorizando los éticos. Porque la pregunta es tan grande como: ¿qué mundo queremos?
El sector cultural es frágil por naturaleza, ya que siempre va a ser más barato algo artificial que algo vivo, algo generado que algo creado, puesto que una creación necesita por definición que haya un artista detrás. No me cansaré de defender la suerte que tenemos en España por nuestra gran tradición en doblaje. Grande en cuanto a calidad, pues desde que se realizó el primer doblaje en castellano en 1931 muchos de los mejores actores y actrices de cada época de nuestro país contribuyeron desde las salas de grabación a que, aparte de la versión original, exista una versión española de casi todos los grandes productos de la historia del cine y de la televisión.
Es la continuidad de este precioso bagaje la que está en juego ahora, ya que la posibilidad que pone sobre la mesa la Inteligencia Artificial no es solo la de su uso como herramienta, sino la de la sustitución del artista por un algoritmo (algoritmo entrenado, robando sistemáticamente material protegido por derechos de autor y derechos de propiedad intelectual, pero este tema daría para otro texto bastante más largo).

El peligro de la IA no es el de su uso como herramienta, sino el de la sustitución del artista por un algoritmo

Hoy me ha tocado hablar de doblaje, pero esto es extensible a cualquier rama de la interpretación, y a cualquier profesión del mundo de la cultura.
Yo tengo claro que el mundo que quiero no es aquel en el que esté escuchando una voz y no sepa si es una persona o no, ni aquel en el que no haya un actor detrás de la interpretación con la que ansío conectar. Quiero un mundo en el que la cultura siga perteneciendo al alma humana, por el simple y vital hecho de que una máquina no empatiza.
La Inteligencia Artificial es, ante todo, esto último, artificial, y por mucho que consiga acercarse a lo humano en la forma, que cada vez lo hará más, nunca conseguirá acercarse en el fondo. Y es el fondo el que nos hace sentir.

 

Raúl Lara, presidente de ADOMA, Sindicato de Artistas de Doblaje de Madrid.


https://www.academiadecine.com/pdfs/especial-academia-de-cine-2024/

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