lunes , 19 agosto 2019
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“La realidad y la libertad del espectador”

Un artículo de Luis Moser-Rothschild     

“Se lo llevaron todo y nos dejaron todo... Nos dejaron las palabras”. Así termina el poema de Neruda titulado Las palabras. En nuestro país, rico en su plurilingüismo, casi la mitad de los adultos entre 25 y 64 años no conoce otro idioma que no sea el castellano, según un informe de Eurostat. Y, de repente, el cine en versión original es la solución para el ministro de Educación, Ángel Gabilondo, quien propone a la ministra de Cultura una revisión de la política del doblaje en España. Y el Ministerio de Industria, ¿qué opina?

 

Me refiero a Industria porque la televisión digital terrestre es competencia suya. ¿No sería más efectivo proponer una revisión de la TDT? ¿No sería mejor que la TDT ofreciese —de verdad— la opción de ver series, documentales, películas y programas en sus idiomas originales, si así nos apeteciese? La interactividad prometida, ¿dónde está? Además, ¿por qué no vemos las autonómicas en toda España? ¿Por qué los canales nuevos pueden sintonizarse en Madrid y no en una pedanía de Sigüenza? Considero más prioritario que el DUAL sea efectivo en todas las cadenas y no sólo en algunas películas; de hecho, quienes pretendan ver la TDT en inglés, tienen que configurar su televisor en ese idioma. El motivo: que pocas cadenas ofrecen de verdad la opción de una programación en la lengua original. El cine y la televisión son relevantes en el aprendizaje de idiomas, pero siempre desde la libertad de elección del consumidor. ¿No es una contradicción que se apruebe la ley del doblaje en catalán y que ahora se piense en proteger las versiones originales en detrimento de las películas dobladas al castellano?

Para aprender idiomas, debe potenciarse el intercambio ya desde el nivel de la enseñanza secundaria, con estancias largas en otros países, así como los programas bilingües en las universidades españolas; y programarse más actividades escolares para que los estudiantes asistan a los cines para ver películas en versión original. Nuestros estudiantes han de crecer con esas posibilidades y formarse para convivir en este mundo global. Las industrias del entretenimiento pueden apoyar esa formación, pero la responsabilidad de la enseñanza de idiomas está en las instituciones educativas y en el Ministerio de Educación.

En cuanto al doblaje, ha de cuidarse. Y cuidarse mucho más. No sólo en las películas de gran producción o en series de máxima audiencia. Sería interesante una supervisión del producto que ajustara más las traducciones al guión original; o una mayor variedad de voces, las de siempre y las renovadas, que diera más opciones de interpretación; o una mejora del subtitulado y el audio descripción para las personas con minusvalías. La propuesta de Gabilondo será factible en el futuro cine digital, donde el espectador podrá elegir —es lo que se espera— entre la versión doblada o la original. De momento, convivimos con una realidad en que tanto el aprendizaje escolar de idiomas como la opción del DUAL en la TDT son insuficientes. Si, respetando la libertad del espectador, se mejora esta realidad, podremos afirmar, con Neruda, que “nos dejaron las palabras”.

Luis Moser-Rothschild es director  del Máster en doblaje, traducción y subtitulación de la Universidad Europea de Madrid

Este artículo fue publicado en el diario EL PAÍS en noviembre de 2010

 

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