lunes , 19 agosto 2019
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“La dulce Marta”, por Salvador Aldeguer

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El jueves pasado las actrices y actores de doblaje, las locutoras y locutores de publicidad, y profesionales del medio televisivo, nos reunimos en una convocatoria de respeto y cariño por la dulce Marta. Marta García, más conocida por todos ustedes como presentadora de ‘El Tiempo’, de Televisión Española, y por haber prestado su voz, entre cientos y cientos de personajes de la pequeña y gran pantalla, a Mayim Bialik, la actriz que daba vida a Blossom, y que en la actualidad, Marta se encargaba de retomarla en la serie The Big Bang Theory. Fue un día de suspiros, lágrimas, miradas perdidas, medias sonrisas evocadoras, y puños cerrados por la tremenda injusticia que supone perder, en contra de las más elementales reglas del paso del tiempo, a la dulce Marta, simpática, guapa, amable, generosa, divertida, sensible, positiva, y, hoy, ya, definitivamente una de nuestras leyendas del doblaje, y todo un referente para las nuevas generaciones que quieran ganarse un hueco en el atril. Marta era hija de Antolín García, un reconocido periodista, hombre de radio y televisión, y un gran actor de doblaje que acarició la perfección prestando su voz a todos los inquietantes y difíciles matices de Peter O’Toole en Lawrence de Arabia. La madre de Marta, Rosa Valero, fue una fantástica actriz que también dejó su impronta en los atriles de las salas de doblaje, creando la voz y la musicalidad de Prissy, la joven doncella de ‘Lo que el viento se llevó’, y su ‘sí, señorita Escarlata, enseguida señorita Escarlata’. Marta tenía un don especial, el don de actuar diciendo el texto ‘de verdad’, dotando a todas sus interpretaciones de una credibilidad impecable. Trabajar junto a ella en el atril representaba siempre una garantía de disfrutar y vivir el trabajo como una parte de la vida misma. Su versatilidad le permitía navegar con igual firmeza y comodidad entre olas de textos dramáticos o las más disparatadas situaciones cómicas. Tenía el don. Y lo compartía generosamente, y te llevaba de la mano, entendiendo las situaciones desde fuera del atril, y gestionando los tonos y las emociones, justas y precisas, bordeando los límites impuestos por la versión original. Se ha ido Marta, pero nos queda Marta. Porque cada vez que la escuchemos en los cientos de personajes que dobló, volveremos a sentir la magia de su don, y volveremos a emocionarnos con la esencia de sus tonos y sus inflexiones que volverán a pellizcarnos emocionalmente, recordándonos que siempre estará con nosotros, una amiga, una compañera, una leyenda: la dulce Marta.      

Salvador Aldeguer

Publicado en LA VOZ DEL TAJO

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