viernes , 27 enero 2023
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«La cantilena», por Salvador Aldeguer

canto

La cantilena (sí, o cantinela) sobre el doblaje que algunos indocumentados intentan propagar a diestro y siniestro, se cae por su propio peso y no aguanta medio asalto de argumentos contrastados. Uno de los últimos próceres de la tontuna, Toni Cantó, actor revelación en su papel de diputado de UPyD, tuvo la desfachatez de dirigirse al respetable desde la tribuna del Congreso para dar rienda suelta a su particular pájara mental y soltar, con su inquietante monogesto facial de estar descubriendo la rueda, un par de lindezas sobre el doblaje. Les resumo la perorata del soplagaitas. Básicamente se centró en una sarta de falsas creencias que relacionan el nacimiento del doblaje como un invento franquista para perpetrar la censura; que claman al cielo por considerar al doblaje el culpable y responsable de que en España la ciudadanía no maneje el idioma inglés con la misma soltura que José Tomás el capote; y, como colofón de su arenga de cómico resentido, se pavoneó, esta vez poniendo cara de Isaac Newton al ver caer la famosa manzana, pidiendo literalmente ‘la erradicación del doblaje’. Y el muy papanatas se quedó tan ancho. Pues bien, listillo, si tenemos en cuenta que el primer estudio de doblaje, T.R.E.C.E, inauguró sus instalaciones en Barcelona, en 1932, podemos confirmar que el doblaje en España nació bajo el gobierno de la República. Años más tarde, durante la dictadura franquista, el doblaje, al igual que tantos otros medios, sufrió las consecuencias de la censura. El doblaje, en realidad, nace con el cine sonoro. En 1927, un prometedor director británico, Alfred Hitchcock, estaba rodando una película, ‘Chantaje’ (La muchacha de Londres) y su protagonista era una excelente actriz checa, Anny Ondra, una rubita de esas que entusiasmaban al orondo Alfred. Cuando llevaban rodada media película, se estrenó ‘El Cantor de jazz’, la primera película sonora. El sonido era el futuro y obligó a replantear la forma de hacer cine. Hitchcock, no quiso quedarse atrás y decidió rodar ‘Chantaje’ con sonido. Tras comprobar que el excesivo acento checo de su actriz protagonista limitaba su interpretación, decidió contratar a otra actriz, Joan Barry, y la sentó a un lado del plató con un micrófono recitando el texto mientras que Anny Ondra se limitaba a mover la boca sin hablar. Y funcionó. Respecto al asunto de que el doblaje provoca que los españoles no hablen bien en inglés, pues qué quieres que te diga, es como si pretendieses tocar bien la guitarra viendo repetidamente videos de Eric ‘Slowhand’ Clapton. Los idiomas, como la guitarra y tantas otras cosas, se aprenden estudiando, otra cosa muy distinta es que utilices la versión original como un ejercicio de apoyo. Además, hoy la tecnología te permite escoger pulsando un botón el idioma de la pista de audio e incluso el de los subtítulos, pudiendo adentrarte en opciones tan respetables como la de oír la película en chino cantonés y leer los subtítulos en finés. Y, por último, Señor Toni Cantó, o, si usted lo prefiere, Mr. Tony Sang, su idea de ‘erradicar el doblaje’, entre muchas otras cosas, atenta directamente contra el noble concepto de la tolerancia. Hoy nadie impone el doblaje por ley, las opciones son lo suficientemente amplias como para que el espectador pueda escoger libremente. En definitiva, majete, tú sigue meando fuera del tiesto, y el día menos pensado quien se va a encontrar ‘erradicado’ eres tú. Porque por mucho que te empeñes en poner cara de inventor de la percha, a ti, cuando hablas, no se te entiende ni en versión original, ni doblado, y, ni mucho menos, subtitulado. A tu lado, Víctor Mature, es Marlon Brando.

Salvador Aldeguer

Publicado en LA VOZ DEL TAJO

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