30 de abril de 2010

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La sonrisa de Valle

Ha venido de nuevo la muerte. La muerte puta que nos roba lo más querido. Pero esta vez no ha venido con la guadaña, ha venido con un hacha que nos ha talado la raíz del corazón. De cuajo. Sin avisar. Por la espalda. Con nocturnidad y alevosía.

Se ha ido la sonrisa del doblaje, el farolillo que iluminaba la oscuridad de esta profesión cercana pero fría. La pena nos ha robado a Valle Acebrón, a Vallecita, al juglar que siempre iba con sus cascabeles y sus malabares en el corazón.

Actriz «de toda la vida», espíritu burlón, juguetón y travieso. Risa contagiosa y amiga del alma.

Voz única, dulce, tierna, y llena de personalidad.

Perdón, Antonio, Raquel, Carmen, Inma, Blanca, Chelo, Isacha, Rosa y todos sus amigos-amigos. Los que de verdad estabais con ella. He escrito esto con el corazón partido en tres mil pedazos, y os pido perdón por atreverme a expresar esto.

Ni doblajes, ni leches. No me sale empezar a soltar flores sobre quien todos conocíamos. No puedo, sólo tengo un vacío terrible, y una rabia que me atenaza.

Nos han robado a Valle, y eso no lo perdonaré nunca.

Vallecita, ya es tarde, pero todos te queremos.

Querámonos y cuidémonos más. Tenemos que mirarnos más a la cara y «vernos» más.