Abril 2011

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Ha concluido el doblaje en Best Digital de la miniserie de televisión Moby Dick, última adaptación del clásico de Melville. El director de esta aventura, Juan Luis Rovira, ha querido compartir con nosotros la experiencia:

«Por fortuna y como excepción, tuve más de quince días de tiempo para preparar esta travesía iniciática rumbo al Cabo de Hornos y hacia el Pacífico en pos de la Ballena Blanca, el cachaclote albo y asesino, el Leviatán en suma.

Una vez logré confeccionar la intrincada Carta de Navegación, procedí a enrolar a la mejor tripulación posible, y tras reparar velamen, jarcias y cuadernas, calafateamos de nuevo el «Pequod», ese viejo barco batido por las aguas de cuatro océanos y engalanado con los huesos y dientes de sus enemigos vencidos como un bárbaro antropófago. Me dispuse a hacerme a la mar, no en calidad de capitán o almirante, sino como simple arponero dispuesto a trepar como cualquier marinero hasta las cofas o asaltar a la lancha, presto a bracear a sotavento como un galeote, clavar el arpón, afianzar la estacha y ciar contra la terrible fuerza de la ballena.

Así pues, se izó el ancla, se fijaron velas, y con buen aire, ganando a barlovento, zarpamos hacia alta mar.

A pesar de tan buenos augurios, no puedo dejar de hacer hincapié en las atroces penalidades que el destino nos deparaba: tan pronto navegando a bolina, orzando siempre a sotavento, como aguantando tempestades sin siquiera ponernos al pairo, o bien inmóviles bajo el sol abrasador en medio de la calma chicha, sin poder avanzar ba pesar de desplegar bonetas y cualquier trapo que sirviera de velacho.

Aquel barco no era si no la barca de Caronte, representación misma del capitán Acab, y Moby Dick el Leviatán que nos hundiría para siempre en el Averno con el mar como sudario.

Sin embargo, largando trapo y con el esfuerzo de la tripulación (no sin bajas) logramos llevar la nave a buen puerto después de tanta epopeya.

Atraquemos pues.

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 Juan Luis Rovira

 

Disculpa amable lector, esta disgresión a modo de metáfora marinera (o tal vez coña «idem»), pero el cuerpo y el trasunto me la piden. Hemos realizado a lo largo de nueve jornadas y media (y sin Kim Basinguer, que en la tripulación de un marinero no cabe mujer) la versión española de estos dos largometrajes, que son sin duda la versión más fiel de la impedecedera novela de Melville. En mi opinión estos largometrajes se convertirán en un clásico del cine literario y épico.

Una vez hecha la adaptación (difícil, a pesar de haber servido yo en la armada española y tener conocimiento de la navegación a vela, me he visto obligado a vivir un auténtico curso magistral de navegación en buques de tres mástiles en el siglo XIX) y superado este escollo hablemos de la tripulación:

El magnífico reparto, que se ha entregado sin reservas, hasta el punto de casi perder la voz varios de los protagonistas, a hecho posible esta versión en castellano. Es conmovedor trabajar con un actor que llevando más de cuarenta años de profesión existosa a sus espaldas, se vuelca a tope en su papel y exige ser dirigido. Como él mismo dice: «Soy arcilla en tus manos». Cierto. Ahí está mi entrañable compañero Héctor Cantolla derramándose a corazón abierto para dar vida en castellano al lúgubre capitán Acab.

La generosidad de Patxi Aldeguer, en un puro grito al límite de sus facultades, haciéndome temer a mí, más que a él mismo, por su voz. Mi amigo el inimitable Patxi, plasmando con su arte a la perfección al señor Stubb.

La magnífica interpretación de Iván Muelas, rompiendo su bella voz para lograr los contrastes que exigía su personaje, el señor Starbuck. Algunos de los gallos y rasgaduras del timbre de voz que constan en esta versión son buena muestra de la naturalidad sin remilgos de que hace gala Iván.

Qué decir de Rafael Romero dando voz a Ismael, o de Eduado Bosch haciendo lo propio con el señor Flask.

O el lujo de los tres arponeros con la voz llena de humanidad de Carlos Isbert, Carlos Kaniowsky y yo mismo.

O la matizada interpretación de Juan Arroyo y Adolfo Moreno, acreditando su valía, en el papel de Michigan y el grumete Pib respectivamente.

Y gracias en fín, a todo el numeroso reparto, a su vocación, excelencia y afán de colaboración, hemos conseguido esta versión española de un clásico y así mismo, entiendo que hemos hecho a nuestra vez, un doblaje con vocación de ser considerado clásico en su estilo.

No puedo dejar de mencionar a mi timonel, el técnico de grabación en sala, Lin. Él fue de gran ayuda y me auxilió en todo. Ni tampoco a los calafates y caldereros, Juanma Prieto y Pedro García, que en la mesa de mezclas han reunido y armonizado la complejísima fragmetación de todo un cosmos sonoro, con maestría y laboriosidad.

Lograda esta versión, y ya en refugio seguro y al abrigo de todos los malos vientos, tengo el placer de comunicar al equipo que la ha hecho posible, que la cadena (Tele5) ha elogiado el resultado y me ha felicitado como adaptador y director del doblaje. Os hago extensiva tal felicitación: técnicos, actores y producción, os lo merecéis. ¡HURRA Y AVANTE!

 

P.D.: Dice German Melville en el preámbulo de «Moby Dick» que siempre que se encuentra gruñón, hipocondríaco, airado o melancólico, sabe que ha llegado el momento de lanzarse al mar. Que todo en el Universo y en el arte nos conduce, en última instancia, al agua.

Con estos dos largometrajes hemos sentido las salpicaduras y la espuma del mar sobre nosotros. Vosotros también sentiréis la brisa y la sal al verlos».

Fdo.: JUAN LUIS ROVIRA (Adaptador y director del doblaje de «Moby Dick»)

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Para más detalles sobre el doblaje de esta versión de Moby Dick, podéis consultar su ficha en eldoblaje.com