Una clave de sol dibujada en el guion de papel significaba que Luis Marín había estado allí.
El rostro de nuestro querido Luis fue popular durante más de seis décadas. Primero en el cine, por su trabajo en títulos como “Rififí en la ciudad“, “Los golfos” o en aquella aventura extrañísima y genial que es “El extraño viaje“. Pero también gracias a sus apariciones en series ya míticas de la pequeña pantalla: “El pícaro“, “Curro Jiménez“, “Cañas y barro“, “Turno de oficio“, “El comisario“…
Y su voz: empieza a hacerse duro tropezar en la tele con episodios antiguos de Los Simpson. Pero puede ocurrir que nos salude, eterno, el Barney alcoholizado que escondía dentro a un inesperado poeta.
También era dibujante y pintor. De su mano y de su mirada nació aquella portada del número 0 de El take, convertida en icono del espíritu que alimenta a este sindicato.

No por falta de voluntades, sino por una desgraciada cadena de obstáculos, se postergó indefinidamente una entrevista que nos había prometido. Nos quedamos sin conocer, de primerísima mano, los detalles de aquel encuentro con Sofía Loren. Otra razón más para sentirnos hoy muy tristes.


A Luis Marín (In memoriam).
Primero, la prudencia ante la pandemia, luego tu convalecencia, después, más prudencia. El caso es que fuimos aplazando el siguiente café, su correspondiente paseo, y tu ilustrada conversación. Confiábamos en que siempre habría tiempo. Inocentes. Ya nos avisó la vida cuando se llevó a Paco Torres y nos restó una ronda; pero no supimos, no quisimos obedecer. Gracias en nombre de nuestros compañeros y compañeras por compartir tu maestría, tus lecturas, tus dibujos, tus experiencias… por todo lo que nos hiciste reír. Hoy el café me lo tomo solo, cortado, pero solo. Nos vemos Luisito.
Jesús Maniega.